Hay hoteles tan imponentes que a una le da cierto pudor ponerse con exigencias mundanas. ¿Cómo pedir frenéticamente la contraseña del wifi ante una fachada atribuida a Miguel Ángel y una campana del siglo XV que tañe para anunciar tu llegada? ¿Puede haber algo mejor o más urgente en internet? Villa San Michele tiene el don de atrapar el tiempo y el espacio para recordar al turista soberbio que todo lo importante ya pasó allí 400 años antes de su llegada. No se tome usted tan en serio, parecen decir sus recios muros, y termine el check-in en silencio, como harían los frailes franciscanos que habitaron antes que nadie este edificio. Seguir leyendo