ADRIAN D'AMELIO adamelio@eldia.com En una de las tantas expresiones de Julio Velasco, el platense que trascendió al mundo desde el vóley, dijo que “el deporte argentino es un milagro”. Y esas palabras de una mente brillante como la de Velasco cada vez toman mayor fuerza y consistencia después de la “motosierra” que aplicó el actual gobierno nacional al deporte, ya que el presupuesto disminuyó de manera brutal. Majo Granatto, la Leona platense que se consagró campeona mundial, fue la voz cantante de muchos atletas que se callan por temor a tener ciertas represalias por la módica suma que reciben en su beca. Claro que esto no empezó hoy, sino que hay que remontarse a 2017, cuando el gobierno nacional era presidido por Mauricio Macri. Hasta ese momento, el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, que fue creado en 2009 bajo una ley que establecía una autarquía financiera mediante un impuesto del 1% a la facturación de la telefonía móvil. Este mecanismo directo garantizaba fondos constantes que se destinaban a becas, viajes y equipamiento de los atletas. Entre otras de las promesas de campaña de Alberto Fernández fue restituir ese porcentaje, pero no lo hizo durante su mandato y mucho menos con Javier Milei. Como se dice, el deporte impone inclusión e igualdad para todos los extractos sociales, como así también saca a los chicos de las tentaciones peligrosas y mundanas de hoy en la calle.