Las aguas bravas del río Trishuli bajan ahora por un cauce varias decenas de metros más ancho que antes de que el 26 de agosto una avalancha de barro y rocas arrasara la mayoría de las viviendas en la frontera entre Nepal y el Tíbet. Varias personas acuden a lo que eran sus hogares para intentar rescatar algunas de sus pertenencias, pero las autoridades no permiten el paso por el riesgo de inundaciones, debido al gran volumen que han acumulado los afluentes. Entretanto, se registran más de 1.000 fallecidos entre Nepal y China, así como al menos 4.500 desaparecidos. Informe de nuestro enviado especial en Dunghe, Adrián Foncillas.