Sensación de pobreza: más de la mitad de los argentinos ya no se autopercibe de clase media
La histórica aspiración de movilidad social ascendente y el orgullo de pertenecer a una sólida clase media —un rasgo que tradicionalmente distinguió a la Argentina del resto de los países de América Latina— atraviesan un quiebre sociológico sin precedentes. La pérdida sostenida del poder adquisitivo y el abismo entre la mediana salarial y el costo real de vida provocaron que la mayoría de los ciudadanos redefina su lugar en la pirámide social. Así lo confirmó una investigación sobre percepción económica y endeudamiento de los hogares presentada por el consultor Claudio Montiel. En comunicació…
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Abrir la fuente originalLa histórica aspiración de movilidad social ascendente y el orgullo de pertenecer a una sólida clase media —un rasgo que tradicionalmente distinguió a la Argentina del resto de los países de América Latina— atraviesan un quiebre sociológico sin precedentes. La pérdida sostenida del poder adquisitivo y el abismo entre la mediana salarial y el costo real de vida provocaron que la mayoría de los ciudadanos redefina su lugar en la pirámide social.
Así lo confirmó una investigación sobre percepción económica y endeudamiento de los hogares presentada por el consultor Claudio Montiel. En comunicación con LA CIELO 103.5, el analista desmenuzó las cifras que explican este cambio de clima social y advirtió sobre la insostenibilidad de un modelo donde las familias apelan al crédito para cubrir gastos diarios de subsistencia.
Durante décadas, la identificación con la clase media funcionó como una marca registrada de la sociedad argentina, incluso en períodos de severa restricción económica. Sin embargo, el reciente relevamiento expuso una ruptura profunda en esa construcción subjetiva.
De acuerdo con los datos presentados por Montiel, más del 55% de los encuestados se autopercibe hoy como parte de la clase baja, independientemente de sus antecedentes socioeconómicos o de haber formado parte del estrato medio en el pasado. En contraposición, apenas un 30% mantiene la percepción de pertenecer a la clase media.
“Argentina siempre fue un país que se caracterizó por tener una clase media; lo seas o no, uno siempre tenía la percepción de que lo era. Es un fenómeno que históricamente fue casi exclusivo de la Argentina en Sudamérica”, explicó Montiel. Y agregó sobre el presente: “Hoy tenés un 30% de gente que te dice ‘yo me siento de clase media’ y un 55% que se siente de clase baja. ¿Por qué ocurre? Porque su salario no le alcanza para comer y porque se tuvo que endeudar”.
Salarios que no llegan al día 10 y el abismo de la canasta básica
El principal motor de esta degradación subjetiva reside en la incapacidad del ingreso familiar para cubrir los bienes y servicios elementales a lo largo del mes. Según la medición, existe un consenso transversal que supera la brecha política: el 80% de los consultados afirma que sus salarios crecen por debajo de la inflación.
El cronograma mensual refleja con crudeza la rapidez con la que se agotan los recursos:
Un 65% de las personas manifiesta que se queda sin ingresos antes del día 20 del mes.
Casi el 46% no supera el día 15.
Un 25% —uno de cada cuatro argentinos— agota su salario al llegar al día 10 del mes.
Esta asfixia financiera responde a un desfasaje estructural entre la mediana salarial y el costo real de vida. Con datos informados por el INDEC, Montiel remarcó que el 50% de los trabajadores gana menos de $900.000 mensuales, mientras que la Canasta Básica Total para una familia tipo supera los $1.680.000 sin contabilizar el costo del alquiler. Al contemplar el valor promedio de una vivienda, el piso mínimo para no ser pobre en los grandes centros urbanos trepa holgadamente por encima de los 2 millones de pesos.
Endeudarse para comer: la diferencia entre inversión y subsistencia
A partir del momento en que los ingresos se consumen en el primer tramo del mes, las familias se ven obligadas a recurrir al endeudamiento para completar los días restantes. El estudio reveló que un 60% de la población debió tomar deuda y que, de ese universo, el 76% destinó el dinero prestado a la compra de alimentos, atención de la salud, transporte y pago de servicios básicos.
Los métodos utilizados van desde préstamos personales hasta el financiamiento mediante billeteras virtuales con costos financieros totales que rondan el 100% anual, e incluso prestamistas informales en los barrios. El fenómeno golpea de manera desproporcionada a los menores de 40 años, de sectores vulnerables y en su mayoría mujeres al frente de hogares monomarentales.
Al cruzar estos datos con los debates en el Congreso de la Nación, donde desde el oficialismo se argumenta que el nivel de endeudamiento sobre el PBI en Argentina es bajo en comparación con la región (12% frente a casi un 50% en Brasil), Montiel marcó una distinción técnica fundamental.
“El endeudamiento no es malo por sí mismo cuando se usa para comprar un auto, encarar un crédito hipotecario o irse de vacaciones, como funciona la economía a base de crédito”, puntualizó el especialista. “Lo que no es sustentable financieramente es funcionar a base de crédito para pagar un paquete de fideos y darle de comer a tus hijos todos los días. Eso es una bomba de tiempo”, concluyó.
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