MAR DEL PLATA Palabras del Gobernador Kicillof durante el Encuentro Semana Social 2025 organizado por la Comisión Episcopal de Pastoral Social Viernes 8 de Agosto 2025 Buenas tardes, a todos a todas. En primer lugar, quiero agradecerles por la invitación. Hoy tuvimos una jornada bastante extensa y agitada. Estuvimos inaugurando escuelas, trajimos ambulancias, también hablaba recién de los cartoneros, trajimos un camión para la separación de residuos, que es una forma de darle posibilidades a quienes hacen este trabajo de reciclado; estuvimos también inaugurando una Casa de la Provincia en Mar Chiquita, reanudando una obra que paró el Gobierno nacional de escuela, así que culmino la jornada acompañándolos en la apertura de esta pastoral de esta semana social. Culmino esta jornada, también, dándoles a ustedes la bienvenida a la provincia de Buenos Aires, a Mar de Plata, que es una provincia y una ciudad que está abierta permanentemente a encuentros, a discusiones, a jornadas, pero que hoy tiene el privilegio de homenajear al Papa Francisco. Voy a decir unas breves palabras, porque esto se suma a varios homenajes de los que hemos participado como Gobierno a Francisco. Lo hemos hecho con un mural hace poquito que se inauguró en la ciudad de La Plata y enfrente de la catedral. Le gusta decir al intendente: el mural más alto del mundo de Francisco. A mí me alcanza con decir que es bellísimo y que nos conecta con una de las imágenes de Francisco más conmovedoras y que lo hacemos en nuestra capital provincial. Luego, el libro que hemos distribuido entre algunos, que ha sido presentado hace poquito que se llama “El maestro”’, es un libro con fragmentos de las enseñanzas de Francisco de diferentes discursos, alocuciones, intervenciones de sus encíclicas. Sentimos la necesidad de que ante la pérdida de Francisco entre nosotros, todos los días, su pensamiento, sus ideas, sus enseñanzas estuvieran presentes. ¿Cómo hacerlo? Al ministro de Educación de la provincia de Buenos Aires, Alberto Sileoni, se le ocurrió preparar un libro que hoy está en todas las escuelas de la provincia. Ustedes hablan de 50 años de semana social, de encuentros de este tipo. Yo supongo que en esos 50 años, y además me tocó experimentar una parte por lo menos, han ocurrido situaciones, se han dado contextos que ameritan ponerse a reflexionar, a pensar sobre la situación social y sobre todo qué decisiones, qué acciones. A Francisco le gustaba hablar de organizar la esperanza. ¿Cómo podemos hacer ante una situación como la que estamos atravesando para organizarnos y para dar respuesta? En ese sentido es importante la presencia, no solo de quienes la han organizado, de la pastoral social, sino de la Iglesia, sino también de dirigentes políticos, sindicales de organizaciones de diferentes tipos, de participantes que vienen con esa voluntad y con esas ganas. Va a hacer falta mucho porque hoy estamos viviendo en Argentina —y Francisco a su manera lo dejó dicho con claridad— una situación donde no solo se agrava lo social, sino que se empieza a instalar desde las más altas esferas, lo que él denominaba cultura del descarte. La cultura del descarte —decía Francisco— no solo es, son palabras de él,“explotación y exclusión propia del sistema capitalista en el que vivimos”. La cultura del descarte es tomar a las personas, a la gente, a los individuos como si fueran cosas, como si fueran bienes de consumo, usarlos y descartarlos. Creo que eso pasa, obviamente, por condiciones económicas, sociales, productivas que se están viviendo en Mar del Plata, en la provincia y en todo el país. Que son resultado, obviamente, de hechos estructurales, históricos que aquejan a sociedades como la nuestra, a países como el nuestro, pero que se han visto agravadas últimamente por decisiones permanentes de una política económica que resulta despiadada y lo voy a fundamentar. No se trata solo de que yo no esté de acuerdo, que no lo estoy, con la macroeconomía, con la intención de mantener reprimidos a los salarios, con las decisiones financieras cambiarias, con la deuda externa, de la que también habló el Papa. No se trata solo de un modelo de endeudamiento, fuga, desindustrialización y empobrecimiento, que es lo que estamos viendo hoy. Se trata además de un discurso, de una batería de ideas, conceptos, cuestiones simbólicas, cuestiones de propaganda, actitudes, que están muy cercanas a lo que hoy creo que se está convirtiendo en una forma habitual y bastante extendida de denominarlo, la crueldad. En Argentina han ocurrido fenómenos económicos a veces de crisis muy profunda, con desempleo, con pobreza, ha pasado. Lo que resulta una novedad desde mi punto de vista es que esto venga acompañado, equipado con un discurso de desprecio, de abandono, a veces de insulto. Hablábamos de los cartoneros, de los recuperadores urbanos, de los recicladores. Es un trabajo con el que muchas familias consiguen su subsistencia. Indudablemente, muchos de ellos si hubieran podido tener otras condiciones, otra preparación o se viviera otra coyuntura tendrían otra ocupación. Es muy duro y muy cruel para quien tiene que conseguir su subsistencia de esa manera. A los que les gusta hablar de la meritocracia, también Francisco habló y reflexionó sobre la idea del mérito y la meritocracia. Pero sinceramente lo que uno observa es que el trabajo, el sacrificio, el esfuerzo que realizan los sectores más vulnerables para conseguir el pan, el sustento, a veces por lo menos es igual y muchas veces supera al que realizan quienes son tomados como prohombres o como exitosos. Y sin embargo, incluso en esta ciudad y voy a tratar de ser delicado porque comprendo la tribuna de la que hablo y no vine a polemizar. Sin embargo, a quienes les toca no tener una cama donde dormir, un hogar, se les contesta con crueldad. A veces con desprecio y muchas veces con violencia, como con falta de comprensión, de empatía, de ponerse en el lugar del otro y de mirar estos hechos desde otro lugar. Hemos vivido estos últimos días ataques directamente contra familias que tienen hijos con alguna discapacidad, alguna forma o algún grado de autismo, contra jubilados y jubiladas, contra desempleados. Yo no me quiero referir a todo el paquete de cuestiones sociales, sino simplemente al aspecto —como diría Francisco— de humanizar. Creo que la novedad no es que haya una política económica, con la que, en mi opinión –si Francisco hablaba en sus encíclicas de la humildad, humildemente, yo doy mi opinión sobre estas decisiones, sobre esta política económica– creo que es inadecuada, que no sirve, que excluye, que endeuda, que empobrece, que destruye el tejido industrial. Son opiniones que he dado por todos lados, pero no me refiero a eso, me refiero a la actitud con la que estas consecuencias y cómo las víctimas son tratadas, como si fueran culpables o peor que eso. A mí esto me lleva a pensar en lo que Francisco denominaba precisamente la deshumanización del otro, la cultura del descarte, los resultados de un proceso que ponen a muchísimas, millones de personas en condiciones de vulnerabilidad y que no solo no hay solución, sino que hay una suerte de inquina, una suerte de señalamiento y de directamente agresión. Entonces, yo creo que son los dos elementos, lo material, lo real, lo económico y lo simbólico, lo discursivo, lo que viene y proviene de la sensibilidad en las relaciones humanas. Por eso creo que podemos pensar distinto, ser de diferentes miradas políticas, tener diferentes ideas sobre la economía, sobre el país, pero lo que no puede pasarnos en Argentina, es que quien ve a una víctima de procesos sociales que lo exceden decida que hay que apalearlo o censurarlo, que hay que señalarlo, insultarlo y culpabilizarlo. Esto es muy difícil. Es de otra dimensión y de otro nivel. Y son cosas nuevas. Ha pasado que perdiera la gente el trabajo, que se cerraran industrias, empresas, comercios, emprendimientos turísticos. Ha pasado varias veces. Lo que no ha pasado es que de una forma tan frontal les echaran la culpa, los acusaran, los ignoraran y los abandonaran. Por eso creo que hay que hacer una gran, una honda reflexión sobre lo que está ocurriendo. Y por supuesto que en la provincia de Buenos Aires con errores, con defectos, con aciertos también cada tanto, tenemos una mirada totalmente distinta. Y tenemos una acción también totalmente distinta. La provincia de Buenos Aires no puede sustituir muchas veces políticas que antes eran nacionales y de repente por cuestiones más que presupuestarias, conceptuales, se han desvanecido, han terminado. Hoy nos vemos con el problema de que en todos los municipios, voy a mencionar uno que no es de nuestra fuerza política, que incluso es opositor, pero me decía, “se me duplicó la demanda espontánea de alimentos en Junín”. Aumentó 65 por ciento la demanda de medicamentos y consultas en el hospital. Hay un solo hospital, que es estatal, que es municipal. Entonces, tenemos posicionamientos políticos distintos. Pero ese intendente con el que no coincido en muchísimas cosas, extiende la mano. Hace el esfuerzo. Invierte más, modifica los presupuestos. Puedo no coincidir en muchas cosas, lo que no podemos es no responder a la vulnerabilidad, a la pérdida del trabajo, a la falta de alimentos, remedios. A veces, a la pérdida del sentido de la vida que también ocurre en estas crisis. Lo vimos cuando se inició, pero pasa siempre; las mujeres, las madres toman una actitud protectora, pero a veces, no siempre son acompañadas. Luego quienes están transcurriendo en la última etapa de la vida y no les alcanza y se empiezan a sentir solos. Hay que tender la mano. Pero no siempre, desde un gobierno municipal, una organización política, una organización sindical, desde la Iglesia, desde el Gobierno provincial se puede sustituir lo que naturalmente, normalmente, históricamente venía de otro lado. Hoy han cortado los remedios para pacientes oncológicos. Hoy a hijos, a familias con hijos discapacitados, le dicen “no es problema del Estado”, hoy a jubilados que les han sacado los remedios les dicen que no pueden ni siquiera manifestarse, que van a ser recibidos con represión. Todo esto son mis opiniones, pero creo que hay dos dimensiones, la primera, es lo que está ocurriendo y luego cómo la tratamos, cómo la abordamos y cómo tratamos a los que sufren. Yo pido que en esta semana social sea discutido hondamente este problema. No solo para ver cómo podemos dar, colaborar, asistir, contribuir, acompañar a quienes sufren, sino también cómo podemos contraponernos a estos discursos de odio, de descarte, de indiferencia, de prejuicio. Creo que es muy importante porque la economía, incluso la política y los ciclos, van y vienen, pero estas cuestiones marcan vidas. Así que me parece que tenemos ese enorme desafío. Y ahí, atravesando las grietas que muchas veces se habla en la política, creo que de diferentes orientaciones políticas, de diferentes partidos, de diferentes lugares, en esto estamos de acuerdo.. Por eso yo voy a pronunciarme hoy en nombre de la provincia de Buenos Aires, contra la cultura del descarte y a favor —como decía Francisco— de la cultura del encuentro. Muchas gracias.