Las librerías independientes se declararon en emergencia. La caída de las ventas y el aumento de los costos operativos presentan un escenario cada vez más difícil de sostener para el sector, que reclama medidas de acompañamiento para poder seguir adelante. Según un relevamiento realizado por la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines (FALPA) entre 1.200 librerías de todo el país, del que participaron libreros platenses, entre 2023 y 2026 la venta de libros cayó aproximadamente un 25%, mientras que la facturación real se redujo un 41,5%. En paralelo, los costos operativos aumentaron un 31,1%. Se calcula que en La Plata hay una veintena de librerías independientes. “No solicitamos privilegios. Solicitamos condiciones que permitan competir, trabajar y sobrevivir. El esfuerzo individual de los libreros tiene un límite. Ese punto está llegando”, advirtieron desde FALPA. “Es tal cual lo informado, no hay nada inflado. Los números son tremendos”, aseguró Sandra Martínez, librera de Villa Elisa. “Tenemos la tormenta perfecta: una baja en las ventas del 25% al 30% y un incremento en alquileres y servicios de aproximadamente ese mismo porcentaje”, añadió. “La venta bajó abruptamente, más de lo que venía bajando año a año y, sumado a eso, aumentaron la luz, los alquileres y las cargas laborales. Que el precio de los libros siga aumentando mes a mes tampoco ayuda, porque a los lectores se les complica cada vez más”, aportó por su parte Ana Borean, librera de City Bell. Lejos de lo que podría suponerse, las pantallas y el entretenimiento digital no necesariamente alejaron a los lectores de los libros. Por el contrario, los libreros aseguran que en algunos segmentos se observa un renovado interés por el formato papel. Las dificultades no se limitan a los comercios, sino que se extienden por toda la cadena “Hay una vuelta al libro muy impresionante entre la gente de 30 y 40 años, que está muchas horas frente a las pantallas y vuelve al libro de papel como una necesidad. Pero se nota mucho la baja del poder adquisitivo: te compran un libro en cuatro cuotas, cuando antes eso era impensado”, explicó Martínez. La tendencia también se observa entre los más chicos. “Los papás, preocupados por el uso de pantallas, vuelven al formato de papel como para sacarles la ansiedad. También están los que buscan volver a la lectura de un cuento a la noche, antes de dormir”, señaló. El panorama de las librerías se inscribe, además, en una situación más amplia que atraviesa al comercio. Semanas atrás, una encuesta de comercio de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de La Plata mostró que las ventas minoristas cayeron 14,7% interanual y acumulan 14 trimestres consecutivos en rojo. SECTOR GOLPEADO Desde FALPA advierten que las dificultades tampoco quedan limitadas a los comercios que venden libros, sino que se extienden por toda la cadena. Jorge García, librero platense y presidente de la entidad, explicó que la baja de las ventas y el aumento de los costos fijos también generaron atrasos en los pagos. “Estamos la mayoría en crisis por la baja de ventas y la suba de costos fijos. Tenemos librerías con mucho atraso en los pagos. Esto se habló también en la Fundación El Libro con editores que están viendo mucha mora en la cadena de pagos. No es solo un problema de las librerías, sino que afecta al sector en general”, sostuvo García. En este escenario, las dificultades también impactan en la relación entre las librerías y las distribuidoras. Mientras algunas compran los ejemplares y los pagan directamente, otras trabajan bajo la modalidad de consignación. En ambos casos, la caída de las ventas y los atrasos complican la reposición y la incorporación de novedades. “Las que trabajan en firme no están pudiendo renovar libros directamente. Si compran, es lo mínimo indispensable y no tienen variedad de novedades. Mientras que los que trabajan con consignación, si no respetan los pagos, tienen el problema de que se frenan los envíos y el servicio de novedades”, explicó García. De esta manera, el impacto de la crisis no solo se refleja en las persianas de las librerías, sino que empieza a afectar también la circulación de nuevos títulos y el funcionamiento de toda la cadena del libro.