VIDEO. Milei habló en la ONU: Malvinas, IA y fuertes críticas
Tal como se esperaba, Javier Milei hizo de la cuestión Malvinas uno de los ejes centrales de su tercer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde cuestionó con dureza al organismo (al que acusó de “mirar para otro lado” en el reclamo por la soberanía de las Islas), reivindicó las medidas adoptadas por su Gobierno frente a la explotación petrolera en el archipiélago y llamó al Reino Unido “a dialogar para encontrar una solución pacífica y debatir sobre la explotación de los recursos naturales. No nos vamos a sentar a esperar que la ONU actúe, vamos a tomar cartas en el asu…
Óptica: sourceFuente: El Día de La Plata. Publicación automática del contenido provisto por su canal RSS; sin reelaboración factual de SUR NODAL.
Abrir la fuente originalTal como se esperaba, Javier Milei hizo de la cuestión Malvinas uno de los ejes centrales de su tercer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde cuestionó con dureza al organismo (al que acusó de “mirar para otro lado” en el reclamo por la soberanía de las Islas), reivindicó las medidas adoptadas por su Gobierno frente a la explotación petrolera en el archipiélago y llamó al Reino Unido “a dialogar para encontrar una solución pacífica y debatir sobre la explotación de los recursos naturales. No nos vamos a sentar a esperar que la ONU actúe, vamos a tomar cartas en el asunto”.
Mientras, el Reino Unido salió a responder el discurso del presidente Milei y sostuvo que el desarrollo de los hidrocarburos en el archipiélago “es legítimo”.
“El Reino Unido no tiene ninguna duda sobre su soberanía sobre las Islas Malvinas y Georgia del Sur y las Islas Sandwich del Sur, y las zonas marítimas circundantes de ambos territorios”, insistieron los representantes británicos ante las Naciones Unidas en un comunicado difundido a través de la red social X.
Además, enfatizaron en que cualquier discusión sobre el futuro de los territorios dependerá de la voluntad de sus habitantes, rechazando así la invitación al diálogo propuesta por Milei sin aval de los isleños.
A lo largo de su exposición de 19 minutos, el Presidente advirtió que “Malvinas es para nosotros una causa nacional”, dedicándole esta vez un lugar más destacado al tema que en sus primeras dos intervenciones ante la Naciones Unidas.
Como parte de este giro discursivo, Milei aseguró que la cuestión de las Islas representa una prueba de la capacidad del organismo para hacer cumplir sus propias resoluciones. Recordó que hace 50 años la Asamblea General aprobó la resolución 3149, que insta a las partes a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras la disputa permanezca abierta.“¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario y esa resolución queda intacta en los archivos, pero impotente frente a la realidad?”, cuestionó. El mandatario apuntó especialmente contra el proyecto petrolero Sea Lion, en la Cuenca Malvina Norte, que avanza mediante licencias británicas que la Argentina considera “ilegales e ilegítimas”.
En ese sentido, consideró que “no faltan palabras ni resoluciones, lo que falta es que tengan consecuencias”. Y volvió a criticar a la organización: “Una institución que no logra que su palabra pese sobre los hechos pierde lo más importante, pierde su autoridad”.
El reclamo por Malvinas estuvo acompañado por una crítica frontal a la ONU, organismo que, según Milei, fracasó en su función de garantizar la seguridad colectiva y los derechos humanos, y aseguró que se convirtió en “una organización inútil, que solo sirve para alimentar a una casta de parásitos fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bienintencionados”.
Milei también rechazó que el principio de libre determinación pueda aplicarse a los habitantes de Malvinas. Se trata -dijo- de una “población implantada por la potencia ocupante” sobre un territorio cuya soberanía continúa en disputa. En su ataque a las Naciones Unidas, el Presidente combinó dos críticas: la acusó de no actuar frente a conflictos, dictaduras y terrorismo y, al mismo tiempo, de avanzar sobre asuntos que, a su entender, corresponden a las decisiones de cada Estado. En ese sentido, mencionó la Agenda 2030, las políticas de género, el ambientalismo, la regulación económica, la inmigración y disparó contra el manejo de la pandemia.
Luego, acusó a organismos que depende de la ONU (como la Organización Mundial de la Salud-OMS) de haber promovido políticas de confinamiento que, según sostuvo, provocaron graves consecuencias económicas, educativas y sociales. Algo a lo que se refirió como “un experimento global de control social disfrazado de ciencia” y hasta llegó a calificar de “genocidio” las consecuencias de esas políticas en países como la Argentina. Aprovechó así para justificar la salida de la OMS.
También le dedicó varios párrafos a la inteligencia artificial (a la que, como Trump, llamó “superinteligencia”). Milei defendió una estrategia de regulación mínima sobre la IA y rechazó los pronósticos que presentan a la tecnología como una amenaza para el empleo y los definió como “una ridiculez, algo que parece que pocos se pusieron a meditar, salvo aquellos que tenemos la pasión de leer a Jorge Luis Borges y amamos su visión de convalidar una idea llevándola a su límite”.
El Presidente ratificó después su alineamiento con Estados Unidos e Israel, países con los que dijo compartir “una profunda afinidad de valores y una complementariedad estratégica”, para luego condenar a Irán y recordar los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA.
En materia económica, invitó al mundo a invertir en Vaca Muerta y destacó el potencial argentino en energía, alimentos y minerales críticos, pero advirtió: “No seremos indiferentes frente a quienes exploten recursos bajo ocupación externa ilegal”.