Maricarmen Abascal, una jubilada de 87 años, no pudo salir por su propio pie de una vivienda que ocupaba en Madrid desde que tenía 16. Confinada a una silla de ruedas, tuvo media hora para reunir sus pertenencias esenciales antes de ser desalojada en camilla por policías que ejecutaban un desahucio ordenado por un tribunal. El caso de la octogenaria ha vuelto a poner de relieve el drama inmobiliario de España.