MAR DEL PLATA.- IDEA se propuso un ejercicio poco frecuente en la Argentina: pensar qué país podría existir dentro de veinte años. La Argentina se encargó de recordar, bastante pronto, que antes viene 2027. Durante dos días, por las diez pantallas del salón principal del Sheraton pasaron inteligencia artificial, comercio, energía, demografía y competitividad. También Australia, Irlanda, Israel, Chile y Uruguay: países que consiguieron sostener durante décadas políticas que aquí suelen durar bastante menos. IDEA había elegido como lema “20 años: de promesa a potencia”. Pero faltaba un año para una elección presidencial y por Mar del Plata pasó una figura política de peso. Era difícil pedirle al calendario que no participara. Patricia Bullrich terminó así convertida en la principal protagonista política presencial. Javier Milei, funcionarios, gobernadores y varios de los empresarios de mayor peso estaban en la Argentina Week de París. Bullrich pidió algo que después se escucharía, con otras palabras, en los pasillos: velocidad. Que la estabilización llegue más rápido a la actividad y a los hogares. Después, en un almuerzo reservado con 34 ejecutivos, la conversación llegó también a 2027 y a los acuerdos con gobernadores. La economía da argumentos para la impaciencia. Por los pasillos circula una descripción que tiene poco de novedosa y bastante de persistente: la Argentina avanza a dos velocidades. Energía, minería y algunos segmentos del agro por un lado; industria, construcción, comercio y consumo, por el otro. Los números repasados durante el Coloquio permiten ponerle escala: hay sectores que producen 18% más que en 2023 y otros que todavía están 8% abajo. Veintiséis puntos separan dos partes de una misma economía. Hasta la geografía jugó con el Coloquio. IDEA había adelantado su fecha para no volver a coincidir con la reunión anual del FMI. Evitó al Fondo y apareció París. Allí estaban Milei y buena parte del poder político y empresario. En Mar del Plata quedaron cerca de mil ejecutivos y una pregunta que, paradójicamente, atravesó casi todos los paneles: cómo colocar a la Argentina en el mundo. Milei apareció por videollamada en una de las diez pantallas. La entrevista tuvo algunos momentos de tensión, que después serían uno de los temas dominantes en los pasillos. Pero el diálogo encontró otro tono y el Presidente siguió hablando, aunque en París ya era cerca de la una de la madrugada. Otra pantalla mostraba el reloj que fijaba el tiempo de cada panel. Había llegado a cero hacía rato cuando José Del Rio, director de Contenidos de LA NACION, le advirtió que estaban aprovechándose de sus últimos minutos. “El costo está hundido, José. Así que aprovechá la economía de escala”, bromeó Milei. Pero debajo de la coyuntura había otra pregunta. ¿Qué hicieron los países que alguna vez consiguieron hacer bien aquello que la Argentina lleva décadas intentando? Por eso aparecieron una y otra vez Brasil, Perú, Uruguay, Polonia, Israel, Chile, Australia e Irlanda. No como modelos para copiar, sino como experiencias para estudiar. De allí salió quizás la idea que mejor atravesó el encuentro: la estabilidad no es la meta; es el permiso para empezar. Y después venía el mundo. Geopolítica, inteligencia artificial, demografía, energía y capital fueron los cinco grandes cambios elegidos por IDEA. La Argentina tiene Vaca Muerta, litio, alimentos, renovables y talento. Los números ayudan a medir el tamaño de lo que está en juego. Unos US$14 billones en corredores comerciales están en proceso de redefinición y la inversión privada global en inteligencia artificial ya supera los US$345.000 millones anuales. La Argentina, mientras tanto, convirtió un déficit energético de US$5700 millones en 2022 en un superávit superior a US$8200 millones en 2025. Pero el futuro también trae tensiones, algunas globales y otras bien argentinas: la presión tributaria efectiva ronda el 28% del PBI, frente a una presión legal cercana al 45%, y la tasa de fecundidad cayó a 1,4 hijos por mujer. Estas son las 10 claves que dejó el 62° Coloquio de IDEA. 1 Milei pidió paciencia y prometió reformas si es reelecto La primera recomendación de Milei tuvo algo de inesperado: paciencia. Hablaba desde París, vestido de manera informal, cuando le preguntaron qué necesitaba la Argentina para sostener un proceso de crecimiento durante veinte años. “Lo primero que hay que tener es paciencia. Los procesos de crecimiento no son instantáneos”, respondió. Calculó que alcanzar niveles de desarrollo comparables con Estados Unidos podría demandar entre 30 y 40 años, aunque sostuvo que su programa permitiría acortar esos tiempos. La paciencia, sin embargo, tuvo una fecha. 2027 apareció varias veces en sus respuestas. Milei consideró “perfectamente razonable” que algunos empresarios demoren decisiones hasta conocer el resultado electoral y anticipó que, si es reelecto, comenzará una segunda etapa de su programa. “La velocidad que van a tener las reformas va a ser única e irrepetible en el mundo”, prometió. Una de ellas será la previsional. Dijo que antes necesita mayor formalización laboral, crecimiento, una baja del riesgo país y más claridad sobre la evolución demográfica. La definió como una reforma “demasiado importante” para encararla sin esas condiciones y dijo que pretende hacer “una reforma previsional en serio y no un mamarracho”. Cuando le preguntaron si quedaría para un eventual segundo mandato, no dejó margen: “Sí, absolutamente”. También prometió seguir bajando impuestos y profundizar la desregulación. Mencionó entre sus objetivos avanzar sobre las retenciones y, cuando las condiciones fiscales lo permitan, eliminar el impuesto a los débitos y créditos bancarios. “Prepárense, porque van a ver una cantidad de reformas que en seis meses no van a reconocer la economía”, dijo. Los empresarios aplaudieron cuando Milei defendió el fallo de la Corte Suprema sobre la Ley de Tierras y cuando cargó contra “la casta”. También hubo aplausos y risas cuando le mencionaron a Myriam Bregman y Axel Kicillof como posibles adversarios. “El rival soy yo mismo”, respondió. Y agregó: “Es casi insultante tener que debatir con un comunista”. 2 Bullrich reclamó que la mejora económica llegue a los hogares Si Milei había pedido paciencia, Bullrich eligió otra palabra: velocidad. “Velocidad, velocidad en los cambios”, reclamó. Sostuvo que, después de tres años de gobierno, las reformas deben empezar a sentirse “en cada familia” y traducirse en “una economía familiar mucho más amable”. “No podemos tener la industria caída, la construcción caída, el comercio caído”, dijo, mientras hidrocarburos, pesca, agro y minería muestran otra dinámica. Bullrich llegó al Coloquio con saco y pantalón rojos y una agenda cargada. Primero dio una conferencia de prensa y después subió al escenario principal. Allí evitó presentar sus planteos como una diferencia con Milei. “No lo miraría en contradicción con, sino en relación con la sociedad”, dijo. También reclamó reglas que sobrevivan a los gobiernos y puso como ejemplo los 30 años de estabilidad que ofrece el RIGI. La cuestión tributaria ocupó otra parte de su exposición. Advirtió que bajar un impuesto nacional sirve de poco si provincias y municipios aumentan los propios. Sobre el sistema previsional fue más terminante: “El sistema no va más”. Planteó discutir un esquema con una base financiada por impuestos generales y otra parte vinculada al ahorro previsional. Del escenario pasó al Costa Galana. En el primer piso, frente al mar, la esperaban 34 CEO. Había una fuerte presencia de bancos, pero también de industria, energía, minería y tecnología. Entre otros estaban Fabián Kon, del Galicia; Julio Patricio Supervielle; Javier Martínez Álvarez, de Techint; María Eugenia Sampalione, de Newmont; Sofía Vago, de Accenture; y Juan Pablo Estévez, de AWS. A ellos se sumó Pablo Goldberg, de BlackRock. Durante cerca de dos horas hablaron de economía y política. Bullrich planteó la necesidad de construir acuerdos con gobernadores para sostener el proyecto en 2027. “Todo lo que digo en off lo digo en on”, sostuvo. Hubo vino, pescado y una mesa con vista al mar. 3 Luciani y un aplauso de un minuto y medio Diego Luciani, el fiscal que acusó a Cristina Kirchner en la causa Vialidad, protagonizó una de las escenas más fuertes del Coloquio. Recordó que, antes del alegato, su hijo de 16 años había leído mensajes que evocaban la muerte de Alberto Nisman y le preguntó qué podía pasarle. “Cómo explicarle a un hijo de 16 años que no lo iba a poder mirar a los ojos si no hacía lo que tenía que hacer”, contó. Se emocionó. El auditorio lo aplaudió durante un minuto y medio. La escena ocurrió durante un panel dedicado a las instituciones. Andrea Castagnola mostró indicadores de baja confianza y seguridad jurídica, y Jimena de la Torre, integrante del Consejo de la Magistratura, llevó el problema al lenguaje empresario: habló del “riesgo juez”. “Cuando depende del que te toque, eso se paga con tasa”, dijo. Luciani contó además las presiones que sufrió durante la investigación: “El poder del gobierno se vino contra nosotros. La Justicia no le cedió la última palabra a la corrupción y la impunidad”, afirmó. 4 Lacalle Pou y el país que aprendió a no empezar de nuevo Luis Lacalle Pou, expresidente de Uruguay, fue uno de los oradores más aplaudidos del Coloquio. Llegó con camisa y zapatillas y fue fiel a su estilo: distendido, por momentos jocoso, alternó reflexiones sobre el poder con bromas que provocaron risas en el auditorio. Su exposición terminó, pero él siguió apareciendo: distintos oradores lo citaron después para discutir una pregunta incómoda para la Argentina: cómo hacer para que un cambio de gobierno no obligue a empezar otra vez. Lacalle Pou encontró parte de la respuesta en instituciones anteriores a cualquier mandatario. Recordó que el Partido Nacional tiene 190 años y utilizó una imagen: “Está la bandera y el abanderado”. Los dirigentes pasan; la bandera queda. Esa continuidad, explicó, también limita al poder: “No te permiten hacer cualquier cosa”. La estabilidad, sostuvo, se construye “en dosis homeopáticas”. Cuando le preguntaron qué compran los inversores cuando miran Uruguay, no eligió la macroeconomía ni una ley. Respondió: “La estabilidad cotidiana”. 5 Caputo: impuestos, inversiones y una promesa de 20 años Luis Caputo cerró el 62° Coloquio de IDEA con una entrevista grabada y dejó una definición sobre la próxima etapa del programa: “Hay muchas más reformas viniendo”. Dijo que el camino será “continuar bajando impuestos, continuar bajando regulaciones”, mejorar la infraestructura y reducir el costo financiero. Rechazó otra vez la devaluación como herramienta de competitividad: “Si fuera así seríamos Suiza, porque nadie devaluó tanto su moneda como nosotros”, agregó. Caputo aseguró que el Gobierno ya bajó impuestos por tres puntos del PBI y que el año próximo reducirá otro punto. También afirmó que el RIGI tiene proyectos aprobados por más de US$56.000 millones y agregó: “Hay 150 mil millones más viniendo”. Su objetivo, explicó, es que el régimen deje de ser una excepción: “La idea del RIGI es que la economía argentina converja al RIGI”. También habló del riesgo país y atribuyó parte de la suba al temor a “volver al infierno”. Pero eligió terminar mirando el mismo horizonte que IDEA había propuesto al comenzar el encuentro: “Se van a venir 20 años de crecimiento y es el momento para aprovecharlos”. 6 IDEA respaldó las reformas, pero pidió más competitividad Fabián Kon, presidente del 62° Coloquio de IDEA y CEO de Grupo Galicia, abrió el encuentro con un discurso de 15 minutos en el que respaldó las principales reformas económicas del Gobierno. Apoyó el equilibrio fiscal, la independencia del Banco Central, la reforma laboral y la desregulación, que consideró “imprescindibles como punto de partida”. El respaldo vino acompañado de un reclamo. “Debemos abordar los desafíos estructurales que limitan nuestra capacidad de competir”,…