Brasil celebró este domingo 4 de octubre la primera vuelta de sus elecciones generales, en una jornada que tiene como principal atractivo la disputa por la Presidencia entre el actual mandatario Luiz Inácio "Lula" da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. En ese sentido, el Tribunal Superior Electoral (TSE) comenzó a publicar los resultados a las 17, hora de Brasilia. De acuerdo al 10% de las mesas escrutadas, Flávio Bolsonaro llegó al 50,96% de los votos mientras que Lula captó el 40,78% hasta el momento. Por tanto, en caso de mantenerse estos porcentajes, no realizaría una segunda vuelta ya que el candidato de la derecha superó el 50% de los sufragios válidos. Un total de 158.745.463 ciudadanos estuvieron habilitados para votar, según los datos oficiales del TSE. Además de presidente y vicepresidente, estaban en juego las gobernaciones, bancas del Senado y de la Cámara de Diputados, así como cargos legislativos estaduales y distritales. La elección presidencial llegaba atravesada por una fuerte polarización. Lula, referente histórico del Partido de los Trabajadores (PT), busca continuar al frente del Palacio del Planalto, mientras que Flávio Bolsonaro intenta llevar nuevamente al bolsonarismo al poder después de la presidencia de su padre entre 2019 y 2023. Elección con impacto regional La importancia de los comicios trasciende las fronteras brasileñas. Por su peso económico, político y demográfico, el rumbo que adopte Brasil tendrá repercusiones en América Latina y también en las relaciones de la región con las principales potencias mundiales. Brasil es además uno de los grandes productores agrícolas del planeta y posee enormes reservas de recursos naturales, entre ellos petróleo, agua y minerales estratégicos. Esa dimensión económica convierte a la elección en un acontecimiento seguido de cerca por gobiernos, mercados y organismos internacionales. Aunque la política exterior no ocupó el centro de la campaña, Lula y Bolsonaro mantienen posiciones diferentes respecto de la inserción internacional del país y, particularmente, del vínculo con Estados Unidos. Lula ha defendido durante su gobierno una política exterior basada en el multilateralismo y en mantener relaciones tanto con Washington como con Beijing. China ocupa desde hace años un lugar central entre los socios comerciales de Brasil. Esa posición volvió a quedar expuesta el 22 de septiembre, durante su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando Lula aseguró que Brasil “no es el patio trasero de nadie”, en medio de las tensiones que durante los últimos años marcaron el vínculo con la administración estadounidense de Donald Trump. Flávio Bolsonaro, en cambio, mantiene una mayor cercanía política con Trump y busca continuar parte del legado internacional de su padre, Jair Bolsonaro, quien durante su presidencia cultivó una estrecha relación con el mandatario estadounidense. La campaña de Flávio Bolsonaro estuvo inevitablemente atravesada por la situación de su padre. El expresidente fue condenado a 27 años de prisión por su participación en el intento de impedir la continuidad institucional después de las elecciones de 2022. La situación de Jair Bolsonaro también generó tensiones diplomáticas entre Brasilia y Washington. La administración Trump aplicó sanciones contra autoridades brasileñas, entre ellas integrantes del Poder Judicial, medidas que posteriormente fueron objeto de negociaciones entre ambos gobiernos. Más que la Presidencia La jornada de este domingo no estará limitada a la carrera por el Palacio del Planalto. Los brasileños deberán votar candidatos para seis cargos, en una elección que renovará buena parte del mapa político nacional y estadual. Por ese motivo, el Tribunal Superior Electoral recomendó a los votantes concurrir con una “cola”, como se denomina en Brasil al ayuda memoria en el que pueden anotarse previamente los números de sus candidatos para facilitar la votación. El proceso será seguido además por numerosas delegaciones extranjeras. Entre las organizaciones acreditadas para observar los comicios aparecen la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Unión Europea, el Parlamento del Mercosur, la Liga de Estados Árabes y otros organismos internacionales. La OEA desplegó para estos comicios una misión integrada por 91 observadores que tendrá presencia en el Distrito Federal y en otros 20 estados brasileños. Con más de 158 millones de ciudadanos convocados a las urnas y una competencia presidencial que podría extenderse hasta una segunda vuelta, Brasil se prepara así para una jornada electoral cuyo resultado tendrá impacto no sólo en el futuro político del país, sino también en el equilibrio regional de América Latina.