En la Península hay pocas localidades donde no haga un calor preocupante en verano. Y en Canarias, que están 1.400 kilómetros más al sur, menos aún. Eso es lo que piensan muchos viajeros al hacer la maleta, y cuando llegan a San Cristóbal de La Laguna descubren tiritando que deberían haber leído algo más de historia y geografía tinerfeñas, que la primera capital de la isla se fundó en 1496 a buena altura, a 550 metros sobre el mar, en un valle del noreste rodeado de montañas, ideal para defenderse de los guanches alzados, pero también para quedarse pajarito, porque los alisios amontonan nubes y humedad que da gusto. Es la eterna panza de burro, les advierten a los turistas los muy pacientes y abrigados laguneros, ya demasiado tarde. Seguir leyendo