A Babilonia se llega en poco más de una hora desde Bagdag. Un pequeño salto desde una metrópoli de tráfico caótico a la paz de la capital fundada por el rey Hammurabi hacia el año 1792 antes de Cristo. Lo primero hoy es atravesar la Puerta de Ishtar, la diosa sumeria del amor y la guerra. El color de sus ladrillos es de un potente lapislázuli. Ahí se esparcen relieves de animales portentosos. Como el toro de las tormentas, dragones discretos del supremo dios Marduk y, sobre todo, el león andante, rey de la imaginería babilónica. Lejos de ser un león rampante, o feroz como tantos otros, el león de Babilonia muestra su cachaza al caminar como un rey del mundo. La Puerta de Ishtar es de buen augurio, aunque no se trata de la original, que fue trasladada a Berlín y recompuesta en 1930 como joya principal del Museo de Pérgamo. Seguir leyendo